Un breve apunte sobre La Papisa.


En Tarot Evolutivo entendemos a los 22 arcanos mayores del Tarot como una representación de las sucesivas experiencias que el ser humano sigue en su camino de conocimiento y crecimiento personal. Cada uno de ellos, sea por separado, sea en unión a otro u otros arcanos, establece a través del tarotista una suerte de diálogo con el consultante, cuyos mensajes siempre entenderá éste a despecho de su condición sociocultural… ¡No en vano los arcanos del Tarot aúnan un notabilísimo porcentaje de los mitos de la humanidad, y de muy variadas procedencias! Mitología griega, neoplatonismo, gnosticismo, hermetismo, catarismo, tradición filosófica árabe e índica, cábala judía… Fuentes muy diversas de las que bebe el Tarot, pero que se aúnan en un único y primordial punto en común: el de ser explicaciones al fenómeno de nuestra existencia. Argumentos desarrollados a lo largo de nuestra historia como especie humana que somos, y que, a pesar de las características y variantes dispuestas por cada cultura en su tiempo, brotan de una misma necesidad: dar respuesta a las mismas cuestiones fundamentales.
Sabed que el Tarot es una de las disciplinas más integradoras de todas las creadas por la humanidad. Y que siempre suma, jamás resta. Y que jamás segrega, sino que siempre agrega.
Hablamos, pues, de El Mago en la anterior entrega, y le veíamos como alguien poseedor de los elementos necesarios, incluido el de la voluntad, para ejercer su actividad y edificar su obra. El Mago, confiado en su instinto, no dudaba en seguirlo y rechazaba “perder inútilmente” el tiempo en disquisiciones. Acción sin reflexión, acción en estado puro.
Con La Papisa, en cambio, abandonamos la acción sin intelecto del Mago para ubicarnos en sus antípodas: intelecto sin acto. Mente sin materia. Gestación e interioridad.
Ya vimos que, en numerología, los números impares representan lo masculino, mientras que los pares lo femenino. Si El Mago representa el poder masculino desde su número 1, La Papisa es 2, su sucesivo femenino, y equilibra las fuerzas del primero a través de la reflexión introspectiva. Es La Papisa, pues, alguien que acumula conocimientos, que los incuba, que los medita concienzuda y calladamente, preparándose para la acción futura que llegará en el siguiente arcano, La Emperatriz...
De momento, La Papisa se encara al Mago y le emite este mensaje: “Medita tus proyectos sin dejar de confiar en tus capacidades. Antepón el orden y la armonía a las acciones que te marca tu mente. Sólo así lograrás un bien perfecto resultado: actuando desde un conocimiento equilibrado”.
Así, ante esta carta, el consultante sabrá que su espíritu necesita potenciarse y perfeccionarse, ahondando en los significados trascendentes de la vida, en lugar de permanecer anclado en la superficialidad de la materialidad cotidiana. Sabrá que su alma debe realizar un viaje hacia su interior para adquirir un autoconocimiento más profundo de sí mismo, y sabrá también que debe realizarlo ligero de equipaje, superando miedos y egoísmos, libre del lastre de arquetipos socioculturales y de condicionamientos del ego, urdidores todos de las densas tramas del (pre) juicio de valor que tan a menudo desenfocan nuestra visión del objetivo a alcanzar: la felicidad en la vida. La Papisa nos está diciendo: “Puedes conseguir lo que deseas. Sólo debes atreverte a cruzar el umbral hacia tu autoconocimiento, franquéalo sin miedo y afróntate a ti mismo”.
¿Quién es La Papisa? ¿A quién representa? Encarna al ideal energético del “eterno femenino”, cuyo primer referente (digamos) “importante” adscrito a nuestra tradición judeocristiana es el representado por Isis (nombre griego de la diosa egipcia Ast y que significa trono). A Isis se la nomina "Gran maga", "Gran Diosa madre", "Reina de todos los dioses", "Fuerza fecundadora de la naturaleza", "Diosa de la maternidad y del nacimiento", "Señora de Cielo, Tierra e Inframundo", y un largo etcétera de epítetos en esa línea de vibraciones magistrales. Ella, de hecho, se halla en una vibración superior, muy elevada, y su sabiduría la pone a nuestro servicio como consejo y alimento espiritual para orientar nuestras energías en acción. Se la relaciona con la Luna, con lo oculto, y con los signos de Tauro y Cáncer.
¿Veis el libro que sostiene en sus manos? Es un libro de conocimiento esotérico, de sabiduría remota y misteriosa desvelada para nuestro beneficio. Ese libro tiene, entre sus distintos significados simbólicos, el de ser el anuario de nuestra vida, su registro, su almanaque… Una relación de actos de vida que debemos releer con ojos que nos permitan desentrañar sus secretos, para garantizarnos el éxito de no reproducir errores. ¿Veis su corona? Es la Triple Tiara, icono condensador de las tres potencias del alma: Memoria, Entendimiento y Voluntad. Memoria para evocar informaciones; entendimiento para reconsiderarlas; voluntad para aplicar las positivas enseñanzas espirituales que transmite esta auténtica guardiana de los secretos de la vida. Diosa protectora del conocimiento, su fuerza espiritual y positiva nos habrá de encaminar al éxito en la reflexión. Descubriremos, al seguir su consejo, cualquier valor oculto nuestro, por profundo que se halle, y actuaremos como desmitificadores de nosotros mismos. La Papisa nos imbuye a ser artífices de una reflexión renovadora y siempre previa a la acción que auguraba El Mago, y cuya acción veremos materializarse en el siguiente arcano: La Emperatriz.

Un breve apunte sobre El Mago.


El Mago, el número uno, el mejor y el más potente… La unidad como principio activo de la creación, como el Inicio de todo… El yo homínido del ser humano en estado puro, plenamente dispuesto para la acción. Capaz de tomar la nada de la que parte El Loco y de emplearse en darle forma, hasta hacer uno del cero.
Hábil, elocuente, imbuido de un gran poder interno que a menudo le lleva a la pasión, El Mago representa al ser humano capaz de desplegar sus energías en pos de la superación, de la transformación, de la transmutación, para alcanzar alegremente la meta propuesta. Es la inteligencia creativa y práctica, la energía alentadora de la audacia y conductora al éxito. Como un adolescente o un veinteañero ebrio de entusiasmo y de cierta irreflexión, capaz de jugar a un mismo tiempo con muchos y muy diversos elementos, capaz de generar otros nuevos como un auténtico alquimista de la vida, El Mago es aire que sopla y cambia de dirección sin dificultad. Es Mercurio, el comunicador. Es Marte, el guerrero que se atreve a la autoafirmación, que despliega su energía en la exteriorización de sus deseos y en su logro material. Es Aries, casa de Marte y signo de fuego… Llamas que se tornan eminentemente expansivas al recibir el soplo de aire del Mago. Naturaleza guerrera y militar, esencia emprendedora, arrojado nauta capaz de embarcarse en grandes empresas y de llevarlas a buen término. Todo vale para avanzar en el camino recién emprendido. Acción en estado puro. Enorme poder interior entregado al ejercicio activo de la transformación. Una lucha que, a despecho de toda opinión ajena o juicio establecido, llevará al triunfo aún a riesgo de dejar atrás las limitaciones, si bien prudentes, de la conciencia. Y arma de doble filo, pues El Mago es capaz de explotar su talento de manera egoísta, sometiéndolo tanto al servicio de la Luz como de las Tinieblas.
¿Veis la carta? Ayudaos de una lupa o de un cuentahilos… Si os fijáis en los tres dados dispuestos sobre la mesa, podréis sumar los números insertos en las caras expuestas y obtendréis esta cifra: 22. Esto es, el número de arcanos mayores. Y si echamos mano de la combinatoria, veremos que 56 son las combinaciones que resultan de la combinación de los tres dados presentes en la carta… ¡El número de arcanos menores que completa a los 22 mayores, hasta obtener el total de 78 arcanos de la baraja del Tarot!
Fijaos ahora en esta lista:
ESPADAS: Aire-Espacio-Obras de elección.
COPAS: Agua-Tiempo-Obras de sensibilidad.
OROS: Tierra-Materia-Obras de inteligencia.
BASTOS: Fuego-Energía-Obras de fuerza.
Observad de nuevo la mesa del Mago. Encontraréis sobre ella los cuatro elementos terrestres al servicio de la humanidad. Hay monedas de oro (tierra y materia), hay una copa (agua y tiempo; el otro vaso es el cubilete de los dados); hay un cuchillo (aire-espacio). El cuarto elemento lo blande en su mano izquierda: una varita de madera (fuego y energía). El Mago pretende dominar el mundo material, sus cuatro elementos, y de él depende alcanzar o no con sus acciones un grado de pureza superior al que ya posee. Este ideal de pureza que menciono se relaciona con el que buscaban los antiguos alquimistas. Su camino elegido fue el de la transmutación metálica según la teoría de los cuatro elementos formulada en su origen por Empedocles (Agrigento h.495/490-h. 435/430 a.C.), sobre los cuales actuaría el quinto elemento o quintaesencia, un principio catalizador capaz de actuar y modificar los otros cuatro. La alquimia perseguía un sueño: pasar del mundo inferior (el homínido) al superior (el humano). Materializar el mito platónico de un mundo ideal, puro y perfecto, libre de las imperfecciones del ser humano. Trabajando con estos elementos, El Mago busca alcanzar su destino, marcado al final del viaje espiritual del Tarot Evolutivo por el arcano XXI: El Mundo: la elevación espiritual. La superación de lo mundano. No en vano esa varita de madera se eleva hacia el Cielo, como pidiendo a “lo divino” inspiración para la aplicación terrenal de la energía del Mago.

Un breve apunte sobre El Loco.


Si consideramos el Tarot como una suerte de viaje espiritual por cada uno de los lances de nuestra vida (y por ella misma en sentido global), veremos cómo El Loco es el aventurero que inicia dicho viaje, lo recorre mal o bien o regular y trata de concluirlo del mejor, del más regular o incluso del peor modo posible.

En nuestra tradición aritmética moderna, debemos la existencia del cero a la cultura india: llamáronle shunya en aquél su origen. Su primera aparición conocida se fecha en 810, en la obra «Tratado de la adición y la sustracción mediante el cálculo de los indios», debida a Abu Ja'far Mujammad ibn Musa, matemático, astrónomo y geógrafo persa, adscrito a la religión musulmana chií y que vivió aproximadamente entre 780 y 850.

Para muchas escuelas hinduistas y budistas, de hecho, shunya eslo real”, “lo primero y último”, la “esencia del ser” anterior a la “existencia del ser”. Entendida de este modo, la nada adquiere una entidad real, en tanto que no se puede concebir el ser sin haber concebido antes su negación. A un nivel más pragmático, además, ¿acaso no nos valemos del cero para realizar complejas operaciones matemáticas que cargan en sí mismas cifras enormes? Ese es el inmenso valor pragmático del cero. Condensar en un símbolo que significa “nada” enormes cantidades de “algo”, hasta alcanzar el “todo” o, al menos, su idea más aproximada. Aplicad al Tarot Evolutivo este principio matemático tan sencillo y descubriréis que El Loco, siendo “nada”, parte hacia un camino que le puede llevar al “todo”, independientemente del color moral de ese todo alcanzable.

Desprovisto de numeración o numerado con el cero, este arcano representa, pues, lo que tiene la cualidad de ser, pero está por ser. Es el representante de las posibilidades vitales, espirituales y mundanas que se pueden presentar en la medida en que uno actúa en su vida. El símbolo del cero, un círculo continuo que evoca el concepto de ciclo sin origen ni fin conocido, de ciclo cerrado en sí mismo, de inexistencia y de eternidad, representa una nada que no es pasiva, sino que activa en tanto que primer paso hacia la primera solidez de la realidad activa representada por el número uno.

En nuestra disciplina, ese “uno” es el arcano del Mago, cuyo buen titular podría ser el de “Inicio”.

Y el del Loco, “Búsqueda”. Búsqueda de lo real, activada en su inicio por El Mago, personaje de manos y mente activas. Para este arcano, para El Loco, en efecto, todo cambio es posible. Todo avance o retroceso es factible. Todo ciclo evolutivo o involutivo es alcanzable.

Y: apreciad que, si éste es el único arcano sin número en todo el Tarot, podemos relacionarlo íntimamente con otro único arcano que presenta una única característica propia similar a la de El Loco en cuanto a su nomenclatura: La Muerte, esto es, el Arcano sin Nombre. Un arcano sin número, un arcano sin nombre… El Loco, el hombre; su destino, La Muerte. El movimiento del loco ser humano hacia un cambio de ciclo tras otro: el que nos lleve a una nueva relación de pareja, a un nuevo empleo, a una nueva auto consideración o –quien sabe- a un nuevo plano de existencia más allá de este tan humano y terrenal que nos ocupa.

La Tríada Sagrada.


Muchos de mis consultantes y amigos (especialmente los sitos en Argentina) me piden que escriba sobre la “Tríada Sagrada”, expresión ésta que utilizo en ocasiones. Estos días sigo de retiro y limpieza, por lo que he tenido tiempo para ponerme al día con vuestras preguntas y consultas no materializadas en tiradas de mi Tarot Evolutivo.

Vamos allá, pues…

Una Tríada, en origen, simboliza una suerte de perfección basada en el equilibrio y la totalidad. En las tradiciones místicas, por lo general, el Uno es el símbolo de lo no polar ni divisible, de la unicidad más allá de toda seriación conocida por el hombre (cuyo ejemplo o modelo cotidiano se basa en la diversidad de su mundo). Dos es, en cambio, el primer símbolo de la polaridad y la primera base que rige nuestra realidad humana, tan ebria de contrastes. Así, hablamos desde antiguo de día-noche o Sol-Luna para designar la polaridad temporal; arriba-abajo o derecha-izquierda para la espacial; masculino-femenino para la del Reino animal, al que pertenecemos; Bien-Mal para la polaridad moral; Ying-Yang para la energética, etcétera. Las combinaciones y nomenclaturas de clasificación son muchísimas, cito las que cito para hacernos una idea y seguir avanzando en el tema que nos ocupa…

Podemos apreciar que esa dualidad representada en la Díada (pareja de dos seres o cosas estrecha y especialmente vinculados entre sí) conlleva, forzosamente, la existencia de un punto medio, lo que origina el concepto de “Tríada” en su estado más primigenio. En palabras de Aristóteles, la Tríada abarca principio, medio y fin, lo que da idea de la existencia de un proceso de movimiento y evolución/involución constante. Así, el día progresa hacia la noche a través de la tarde; el Bien se mueve hacia el Mal o viceversa siguiendo un recorrido evolutivo o involutivo, respectivamente, y así sucesivamente con toda Díada que se nos ocurra tener en consideración.

Volvamos a las Tríadas. Éstas aparecen en todos los niveles de la vida religiosa y en las más distintas y distantes tradiciones místicas de todos los tiempos. Hoy escogeremos una: la Gran Tríada del budismo chino, cuyo origen dormita en el taoísmo.

Empezaremos con un breve apunte sobre numerología taoísta, para ir afinando el tiro. En el taoísmo, los números pares son llamados terrestres y pertenecen al Ying (lo femenino, oscuro y lunar); el primer número par es “2” y representa a la Tierra. Los números impares son llamados celestes y pertenecen al Yang (lo masculino, luminoso y solar), siendo “3” el primer número impar, y que representa el Cielo.

“1”, el primer número de la notación matemática e impar, no es ni Ying ni Yang, porque representa la Unicidad creadora, anterior al Cielo, a la Tierra y a la Creación misma. Se trata de la Unidad Trascendente (o Tai-Ki), de donde procede todo lo creado El número “0” (Wuji) representa en cambio el Vacio, la nulidad, el no-ser. El principio y el fin.

En el taoísmo, manantial que irriga el fértil campo del budismo chino, el simbolismo de la Gran Tríada que nos ocupa tiene un rango de segundo grado. La Tríada de primer grado es para la Tríada Sagrada formada por los complementarios Cielo (Tien) y Tierra (Ti), y por la unidad trascendente (Tai-Ki).

Es decir: Tai-Ki, Tien, Ti. Dios-Cielo-Tierra.

La Tríada de segundo grado o Gran Tríada está compuesta por los complementarios Cielo y Tierra y un nuevo agente, viejo conocido nuestro: ¡el ser humano!

Aquí lo tenemos: Tien, Ti, Jen. O sea: Cielo (lo trascendente y espiritual); Tierra (lo inmanente y material) y Ser humano (como hijo de ambos).

Pero también, en su designación más clásica: Tien, Jen, Ti. Esto es: Cielo (lo trascendente y espiritual)-Ser humano-Tierra (lo inmanente y material). Esta versión nos sitúa a nosotros, mortales de necesidad respecto a la Tierra pero inmortales por energía respecto al Cielo, como intermediarios entre el Cielo y la Tierra. Buscando unir nuestra esencia celestial con la sustancia terrenal. No podría ser de otro modo, puesto que del Cielo (Yang, masculino, luminoso y de orientación izquierda) y la Tierra (Ying, femenino, oscuro y de orientación derecha) provenimos nosotros, nuestra especie propia. Bebemos de ambas aguas.

La humanidad, pues, como hija y como intermediaria del Cielo y de la Tierra. En cualquier caso, siempre a mitad de camino entre lo homínido y lo humano. Siempre fiel a la materialidad concreta sobre la que andamos y a la llamada del mundo espiritual hacia el que nos orientamos. Y aquí invocamos el noble espíritu del Libre albedrío, una vez más. Cada cual de nosotros hace de su capa un sayo al respecto, o está en ello, cuando menos. De la actitud de cada uno depende el acercarse un poco más, vida a vida, a las estrellas, o el hundirse en las profundidades de la tierra, en su oscuro averno homínido.

¡Atención! No se moleste o escandalice nadie por estas seriaciones ni las califique de “sexistas”, pues cada uno de nosotros, independientemente de su entrepierna diferencial homínida, posee energías espirituales de ambos lados Ying y Yang. Ahora bien, el principio taoísta es el que es, y cuando fue enunciado no se hizo buscando primar al macho sobre la hembra. Ambos son opuestos, sí, pero indefectiblemente complementarios. Los conceptos que manejamos se mezclan entre sí, las nomenclaturas dejan siempre un cierto espacio para manejarlas desde una u otra intención… Mirad: el Sol es energía cálida y masculina, como la bomba atómica. Pero esta es, en cambio, destrucción masiva. La Luna es energía fría y femenina, pero es también mágico misterio, profundo, insondable misterio…

La importancia de la Tríada Sagrada es que "evidencia la existencia" de un Camino de Perfección para el ser humano. Básicamente, trascender lo homínido (las apetencias sensuales de la vida cotidiana y sus derivaciones hacia excesos en defensa del cumplimiento de dichas apetencias de manera desmedida) y progresar en lo humano (lo humano nos lleva al Cielo, a la Paz, a la Bondad, a la Limpieza). No pido ascetas, pues la tierra está pletórica de sensualidades y apetencias que, bien llevadas, hacen del planeta una suerte de Paraíso. Pido seres consecuentes con el progreso que debemos ir cumpliendo, sin prisa pero sin pausa, para alcanzar la felicidad más limpia y máxima posible.

Estuve un poco enfermo...

Ser “sensitivo” entraña riesgos de enfermedad energética por contaminación. Estos días he estado enfermo y ausente de mí mismo. Os puede parecer a algunos cosa rara o pura pose, y entiendo que así os sea. Es como todo en esta vida: hay que vivirlo pasa saber de qué se trata.
Tuve, pues, una serie de lecturas presenciales que me dejaron literalmente contaminado por las energías de mis consultantes y de los sujetos a ellos asociados. Me agoté en extremo bregando por desbloquear a través de mis arcanos los significados ocultos de la vida de personas de las que sólo conocía dos elementos: nombres de pila y relación con mis consultantes. Relación muy vaga y genérica, claro, apenas un titular tipo “Quiero preguntar por…” y listos, y cuyos detalles más ocultos van desvelando mis arcanos a medida que los interpreto.
En esas lecturas presenciales de que os hablo, mis relaciones con consultantes y consultados fueron siempre desde la lucha contra el mal, contra la generación de dolor y confusión psicoemocional mutua… Consultantes y consultados porque las personas a las que acogí en mi refugio o a cuyos hogares me desplacé no eran trigo emocional del todo limpio... Yo mismo no lo soy, a veces… No soy ni mucho menos ni perfecto ni limpio al 100%, tengo mis propias áreas íntimas capaces de moverme hacia el campo de la ira o la venganza, por ejemplo, o del dolor y la desesperación; y mi trabajo me deja en ocasiones “impregnado” de las bajas vibraciones ajenas, pero… Soy consciente emocional y mentalmente de mis zonas erróneas y de las vuestras. No me gustan esas realidades vuestras y mías, no las apruebo ni consiento y necesito trabajarlas y sé hacerlo correctamente. Sé que existen por nuestra misma condición homínida, y me aplico en el trabajo de reconducirlas hacia la Luz, de depurarlas como una estación depuradora de aguas contaminadas. Brotan (las mías) o caen en mi (las vuestras) sucias y revueltas, las filtro y las depuro y listos, vuelven a ser útiles en tanto que potables o salubres… Vuelven a ser como las aguas del Esla, el río de mi infancia y que da nombre a mi trabajo. Frescas, casi frías, caudalosas o tranquilas pero siempre sin freno. Fluidas. Aguas de un río entre montañas en pleno verano, en las que disfrutar de un baño renovador bajo el Sol intenso.
Así pues, en esas lecturas presenciales me enfrenté a un cóctel explosivo de males típicos de nuestra sociedad. Cuernos, embarazos por partida doble (a esposa y amante), avaricia, profundo desagradecimiento, engaño, ataques furibundos a la propia sangre (madre y hermana), filoeurismo despiadado y disfrazado de hipócrita bondad, mucho vicio y mucho griterío prepotente y ridículo en su mediocridad, pero cargado de maldad y de ceguera… Porque somos ciegos. Estamos ciegos. Vivimos ciegos, dominados por vibraciones muy bajas y sin apenas tomar conciencia de ello. Vivimos agobiados por realidades que nosotros mismos generamos, por más que nuestra “caída” en ellos no haya sido voluntaria o libremente decidida desde una posición de auténtico libre albedrío. “La vida ya era así cuando llegamos a ella” –dicen algunos-, pero yo respondo: Podemos cambiarla. Debemos cambiarla. Nadie nace enseñado y todos podemos aprender. La única revolución posible es siempre la individual. Muchas revoluciones individuales suman, al cabo, una auténtica revolución colectiva. Y yo aporto mi granito de arena a ella, claro… Aunque a veces me desbarate el bregar con tantas energías ajenas (y en ocasiones propias), voy aprendiendo a mantener una higiene y una praxis energética, como si yo mismo fuese una especie de atleta del espíritu que busca estar siempre en plena forma. Ahora, tras tomarme unas jornadas de respiro después de un semejante exceso de actividad, recibo de nuevo consultantes PERO sólo, de momento, en la distancia. A través del éter. Las presenciales volverán en breve, os lo prometo.

Dolores y los lastres (2ª parte).

Llamó de nuevo Dolores transcurrida una semana, y me pidió una consulta rápida acerca de su encuentro con Juan Carlos. La pedí pensara en él, en las horas que pasaron juntos, en las energías que sintió ella al estar junto a él y en las que pudiera haber percibido en Juan Carlos. Sentí entonces, mientras movía mis arcanos, una suerte de hálito balsámico, un soplo suave y apacible que inspiraba alivio. Ligero. Liviano. Casi igual que un beso mudo en la mejilla…

El corte inicial me dio Templanza y Rueda de la Fortuna.

Templanza es comunicación, fluidez interior… El arte de la transformación en su expresión más depurada. Como una alquimia entre opuestos de la que surge el equilibrio, la estabilidad, el poder adoptar una actitud placentera y confiada frente al mundo y sus asuntos.

Rueda de la Fortuna es el símbolo de la totalidad en movimiento: una rueda que gira en plena vorágine de energía, ofreciéndonos dejar atrás las viejas limitaciones para alcanzar una nueva realidad vital en nosotros mismos, sin dejar por ello de ser nosotros mismos. Como una versión propia pero más limpia y libre de miserias y dolores, más discernidora y dotada de un razonamiento claro y objetivo a nivel mental, desde luego, pero también emocional y espiritual.

Extendí mis arcanos sobre su lienzo de lino teñido (gracias, Alicia, por tan hermoso regalo), y allí quedó dispuesta la Cruz Celta respondiendo a Dolores. Es esta Cruz la base técnica del Tarot de Marsella, su sistema operativo más común y extendido. Bien que haya versiones varias sobre ella: dejad que os narre cuál es la que yo utilizo en mi trabajo, al tiempo que os ilustro a Juan Carlos tras su encuentro con Dolores…

Diablo representándole a él en su actual momento; Luna en contra suya o en su entorno; Papa en su disposición anímica y espiritual; Torre como resultado final; Ermitaño a guisa de “toque final” en su tirada, como la dosis precisa de sal en un cocido bien aliñado.

El Diablo situaba a Juan Carlos como hombre consciente de su mundo interior, capaz de percibir la profunda naturaleza de las cosas más allá de lo meramente superficial. Aplicado a su dolorosa experiencia en el ámbito de pareja y familia (pérdida de su esposa e hija, diez años atrás), resultaría víctima de un enquistamiento en su dolor. Es lo que en Tarot Evolutivo denominamos “ataduras psicomateriales”. ¡La experiencia oscura es tan densa, que cobra visos de auténtica materialidad! Y en relación al amor o a los sentimientos que pudiera Dolores despertar en él, actuaría con prevención y miedo a lo desconocido, rechazando cualquier compromiso emocional.

No en vano apareció La Luna en posición contraria a él, y en su entorno. Este arcano simboliza el adentrarse en lo más turbio y profundo del alma humana, para encarar pruebas muy largas y dificultosas. Representa el Reino del Subconsciente, el Cuerpo Emocional del consultante. Quien penetre ese pasaje y lo recorra por completo, alcanzará una nueva vida. Será un peregrinaje por los dominios de lo oscuro, lo desconocido y lo amenazante, pero quien sepa apreciar la seducción y el misterio de La Luna, llegará al siguiente arcano del Tarot: El Sol. El encuentro con el ser. El renacimiento. El cumplimiento de los deseos. Así como a la noche releva el día.

¿Y la disposición anímica y espiritual de Juan Carlos? Encarnada en la figura de El Papa, figura que conoce las leyes celestiales y terrenales, esa disposición suya condensaba el abandono de miedos y reparos gracias a la protección de un maestro espiritual. La infalibilidad celestial del Hierofante imbuía a Juan Carlos de una seguridad aplicable en lo terrenal: la de forjar reflexiones certeras capaces de orientarlo en su recorrido por La Luna de sus dolores subconscientes. En este arcano, la figura del Papa aparece impartiendo su bendición; en la tirada, esa bendición fue recibida por La Luna, situada justo por debajo de la mano del Pontífice (“hacedor de puentes” en latín. Un puente para ayudar a salvar obstáculos).

Por último, como resultado final de la tirada, el arcano de La Torre: la venda que cae de los ojos del alma. La liberación de la confusión. La torre del ego se derrumba, nuestras seguridades y convicciones, malas o buenas, quedan irrevocablemente sacudidas y se nos plantea una “prueba a superar”. Una energía que nos llega del Cielo, desde arriba, desde fuera de nosotros mismos.

-El Cielo no es demostrable-, diréis algunos.

Y os daré la razón, puesto que racionalmente la tenéis. No hay constancia científica de la existencia de ese Cielo y de los personajes que lo habitan. Llamemos “Dolores”, y no Cielo, a esa energía llegada a Juan Carlos desde su exterior. Igual un día escribo de lo poco que conozco de ese “Cielo”, pero cuesta hacerlo con palabras. De momento, quede claro que no importa nada encarnarlo en un Dios tal o un Dios cuál… Hablar de la energía de Dolores basta. Esa mujer es para Juan Carlos una oportunidad de evolución, de liberación y avance.

¿Y la sal de este cocido?

La sal fue El Ermitaño. La soledad. El autoanálisis en profundidad. Respecto a Dolores como mujer, hablaba del distanciamiento de una relación que se vive como problemática. Asociado a La Torre final y en este mismo nivel de interpretación, hablé a Dolores de discusiones, de distanciamiento, de posible ruptura afectiva… El Ermitaño de Juan Carlos alumbraba a su Diablo. El Papa le lanzaba a recorrer su Luna armado con su bendición. La Torre le planteaba una prueba a superar.

-Dolores, has ofrecido tu Luz a ese hombre, y él la ha recibido con sorpresa y con agrado. Déjale ahora tranquilo, dale tiempo a procesar, a reaccionar. No le fuerces. Guárdate tú de todo desencanto. No esperes de él NADA a cambio de tu Luz. Has obrado con limpieza, ahora la pelota está en su campo. Ojalá consiga depurar sus emociones.

Dolores y los lastres (1ª parte).

Tuve la semana pasada una llamada desde una ciudad algo lejana. Una mujer apesadumbrada pedía por la respuesta emocional de un hombre respecto a ella. Dijo llamarse Dolores. El hombre, Juan Carlos.

-Veamos qué energías mueve respecto a ti, Dolores…

Las cartas empezaron a extenderse sobre la mesa. Ermitaño, Papisa, Colgado, Torre… Enamorados en el centro de la Cruz Celta. Juan Carlos aparecía en mis arcanos como un hombre presa de su pasado, alguien atrapado en una densa red de prevenciones y miedos… Como si el conjunto de sus experiencias emocionales condicionase el desarrollo de sus juicios críticos en el amor y en los sentimientos. El lastre de su pasado psicoemocional era tan pesado, que aplomaba el vuelo de su corazón. Percibía dolor y angustia en sus respuestas afectivas, pero esa negatividad me llegaba lejana y atemperada, como un aguazo de colores muy sutiles y livianos…

¿Contradictorio?

Desde la ciudad algo lejana me dijeron entonces que Juan Carlos había perdido a esposa e hija en un accidente de tráfico, pero que entre esa dramática experiencia y el día de hoy mediaba una década completa y larga… Tiempo suficiente para remontar la vida en su plano más superficial y cotidiano, pero… ¡Los dolores anidados en el cuerpo emocional no saben de plazos! Antes al contrario: suelen enquistarse y alcanzar un desarrollo (y un poder) de insospechada nocividad… Quizá nuestras actuales terapias psicológicas y psiquiátricas puedan reparar los daños en nuestra mente, pero más allá de ésta viven nuestras emociones. El mundo que nos hemos construido sabe más de lo material que de lo espiritual, pero se equivoca…

La mente es materia; la emoción es espíritu. Cuando hablamos de la mente, lo hacemos de una misteriosa energía segregada por el cerebro cuya finalidad consiste en generar pensamientos en torno a los intereses del devenir terrenal y mundano, al bienestar personal. Esto es: tramar soluciones racionales a los problemas que aparecen en nuestras vidas. Pero la mente es limitada, sólo se conoce a sí misma, y ese “sí misma” está cargado de condicionantes propios y ajenos que, a la postre, nos encasillan en un modelo de conducta definible como “arquetipo”.

Vedlo así: anclado en la mente, el arquetipo (desde “representación propia que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad” hasta “imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forma parte del inconsciente colectivo”) deviene en “cultura” y se convierte en esto: “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico como algo normal e incambiable, en tanto que plenamente justificado”.

Cuando hablamos de la emoción, en cambio, hablamos de una energía que marca con más fuerza que ninguna la visión humana de mundo y realidad. Se trata aquí de emociones liberadas o no: angustias y alegrías; agresiones y defensas; soledad y compañía; aceptación y rechazo; inseguridad y auto confianza; amor y odio… Estamos ante un vasto almacén de informaciones recibidas a través de la propia experiencia y que, gestionadas por la mente se convierten en esquemas mentales recurrentes a través de los que enjuiciamos los acontecimientos de nuestro mundo.

De nuevo, pues, el arquetipo. ¡Y ya está servido el bucle!

El entendimiento racional no es ni imparcial ni objetivo. Depende de la experiencia emocional. La experiencia emocional no es libre. Depende de la mente. La mente, al menos desde nuestra cultura, coarta, constriñe y pervierte al sentimiento. Pero podemos trocar esa atadura en libertad si adoptamos un nuevo esquema mental que lo revolucione todo: LUZ que nos guíe al AMOR.

La mujer de la que os hablo me pidió cuál debía ser su actitud con ese hombre. ¿Debía seguir intentando una relación con él? ¿O olvidarlo? Mis arcanos le dijeron: ofrece a ese hombre una mano tendida, como quien intenta amansar a un animal asustado ofreciendo un pedazo de alimento suavemente depositado en la palma…

Ella respondió: -Lo veré la semana próxima. Te llamaré para consultar el resultado. Y así lo hizo. Os lo cuento mañana.

Eva en su encrucijada (2ª parte)

De modo que, un par de meses más allá de nuestra primera sesión, Eva y yo coincidimos por la calle de nuestra villa. Ya lo habíamos hecho otras veces, pero en esos otros encuentros vividos habíamos charlado de generalidades, intercambiado bromas o, simplemente, holas y adioses y nos vemos pronto, todo bien, gracias y hasta la próxima…

El encuentro del que os hablo, en cambio, fue diferente desde su inicio.

Era casi mediodía y coincidimos por la calle Mayor y bueno, ella me estuvo lanzando una mirada intensa desde al menos 30 metros antes de alcanzarnos el uno al otro. Y cuando al fin lo hicimos, me espetó acalorada que tenía novedades y que quería una sesión conmigo, por breve que ésta fuese. Accedí. Convinimos cumplir cada cual con sus pequeñas obligaciones cotidianas todavía pendientes y citarnos en un bar determinado, unos minutos más tarde.

Y así lo hicimos.

Y ahí estábamos Eva y yo, a la hora convenida y en un bar vacío y desangelado. La propia barista, una vez nos hubo servido sendos botellines de cerveza fría y espumosa, se refugió en su cocina. Nos dijo aquella mujer –despeinada, ojerosa, con un aire de tristeza preocupada-, que éramos los primeros clientes en toda la mañana y que no soportaba ver tanto espacio libre…

-Nuestros bares ya no son lo que eran-, añadió. Y desapareció, engullida por su cocina. Y es verdad. La crisis económica y las nuevas leyes contra la droga social del tabaco han vaciado quién sabe cuántos bares del entero país. Y todo está muy quieto en nuestra vida económica. Apenas nada se mueve y en absoluto como antes, como dos o tres años atrás en el tiempo.

Eva me explicó sus novedades. Que había hablado –y mucho- con su marido. Que, de momento, compartían sólo techo y cuatro fórmulas de urbanidad forzada para garantizar una convivencia sana y un buen ambiente para con sus hijos. Que no habían puesto su hogar en venta todavía, aunque de seguro lo harían. Que ella no lo amaba; que él parecía aceptarlo con resignación; y que un galán local la estaba haciendo la corte a través de cierta red social.

¡Un galán de red social! He aquí un nuevo ítem de nuestros días… ¡Hacerle la corte a una mujer pulsándola determinadas teclas en el sentido más literal de la expresión!

Pedí a Eva el nombre de pila del caballero y me proporcionó un alias. La indiqué que pensara en él y desplegué mis cartas sobre la mesa, y esto fue lo que me hablaron: ¡los mismos idénticos mensajes en cuatro tiradas con (casi) los mismos idénticos arcanos en juego!

Un galán identificado siempre por el arcano de La Fuerza, con El Colgado en contra en tres tiradas (La Papisa en la primera), y siempre El Papa y La Justicia terrenal y El Ermitaño en juego y ya está, eso fue todo. Ninguna carta de movimiento, ninguna de pasión, ninguna de amor… Eva y yo nos quedamos estupefactos. Los mismos mensajes se repitieron cuatro veces, trazando un sendero estrecho, monótono, exento de ilusiones, sin el menor atisbo de arrebato pasional o de desenfrenado deseo… Como mucho, una promesa recia encerrada en La Fuerza, pero todavía no cumplida en la vida real.

Es La Fuerza una carta que representa a una persona fuerte, voluntariosa, determinada, con seguridad en sí misma, comprensiva y capaz de subyugar a los demás. Alguien que no teme a sus responsabilidades y que es capaz de dominar cualquier situación. En amor indica una fuerte necesidad de prestar plena atención al ser amado, de hacer que la relación avance, y también la capacidad para vivir momentos de gran romanticismo. Tanto romanticismo, que se genera la certera posibilidad de vivenciar lances de profunda, intensa y desatada pasión… Sin embargo, Colgado y Papa y Justicia reducían al galán de Eva a mera promesa oculta todavía, frenada por condicionantes sociales pero impulsada por la opción a ocupar espacio y tiempo en la vida de una mujer –Eva, la mujer- que busca nuevo candidato para su amor.

Y el amor no es como escoger a qué vagón te subes y en qué plaza te sientas y junto a quien lo vas a hacer… Puedes subir al primer o último vagón del convoy y avanzar por los pasillos y pasar de uno a otro vagón buscando una persona que te inspire algo bueno para sentarte a su lado y disfrutar de un viaje entretenido, agradable, creativo incluso… Y puedes desechar una candidata a compañía por haber otras personas de tu desagrado en al menos una de las restantes plazas libres junto a la persona escogida… Pero más allá de esta metáfora inocente está la vida, y en el epicentro de la vida vive el Amor en todos sus múltiples escenarios y papeles, como un Gran Teatro psicoemocional… Hay quien, como Eva, decide cambiar de escenario y partenaire; hay quien, como el galán en cuestión, puede ser un gran actor de las emociones y los sentimientos, alguien capaz de vivir su papel con intensidad y entrega, pero que decide enviar globos sonda a guisa de representante, antes de escoger en qué función desplegar todo su arte dramático.

¿Será porque la vida es puro teatro? El argumento de este melodrama: una mujer casada se descasa y busca. Un hombre casado la rececha, pero olvida la escopeta en casa. Su propia esposa la custodia. Veremos en el futuro más o menos inmediato en qué se ocupan sus respectivas energías. Las de Eva y las de su galán telemático.

Eva en su encrucijada (1ª parte).

Hace un par de meses largos sostuve una sesión de Tarot Evolutivo con una dama vecina de una villa cercana a la de mis montañas. Prolongamos en aquella ocasión por espacio de un par de horas largas, tal era la densidad energética que mantenía mi consultante reconcentrada y prisionera en su interior.

La llamaré Eva. Eva, la mujer.

Debo decir que Eva aparentaba ser una mujer tranquila y observadora, casi sosegada, de aquellas mujeres que disponen de un rico mundo interior que, a la postre, es el que las rige en la vida cotidiana. Nos reunimos en aquella ocasión en un espacio neutro pero a salvo de toda suerte de miradas, discretas o no, y al no saber ella por dónde empezar su consulta, qué pregunta formular, la sugerí inquirir a mis arcanos por su “estado energético”, por su situación en aquel momento en esta paradoja que llamamos vida.

La primera tirada expresaba a gritos que Eva, representada por El Enamorado, se hallaba en una encrucijada emocional, en un “desechar un amor vencido” para buscar otro… Hijos de por medio y un marido fiel y bueno, pero por el que ya no sentía ni chispa, ni magia, ni apenas interés alguno. No él, en cambio y desde luego: él aparecía como esposo fiel y dedicado, trabajador esforzado y cumplidor, pero absolutamente esclerotizado en su día a día con mujer e hijos. Un hombre bueno atrapado por la rutina mala. Nada de fuego. Cero pasión. Un día tras otro vivido en una retahíla sin final de monótono aburrimiento…

Mientras dibujé a Eva este cuadro vital, ella me observó quieta y callada. La boca semifruncida, los ojos muy abiertos y fijos en mis cartas desplegándose sobre la mesa... Concluí mi exposición y ella desató su lengua de manera furibunda y desenfrenada. Y sus brazos. Y su cuerpo entero. Vibraba, se agitaba, hablaba atropelladamente, me interrumpía una y otra vez… Desplegó una suerte de campo de fuerza electromagnética que chocaba contra el mío, comiéndole terreno. Y hablaba sin parar, iba y venía de un particular a otro, de una razón a otra, atropellándome a mí y a sí misma… Acabábamos de abrir su Caja de Pandora, y sus males, encerrados en ella durante largo tiempo, inundaban la sala con sus agobiantes revoloteos.

Preguntamos qué papel jugaba su marido en esta situación; qué podía hacer él; qué ella… Fueron siempre muchos los arcanos que participaron en sus tiradas de aquella cita, en ocasiones la baraja entera, y siempre la mostraron en situación de férrea encrucijada emocional con la figura arquetípica del marido. Ella siempre estuvo representada por la carta del Enamorado (elección), y siempre tuvo en contra la figura del esposo (El Papa o El Emperador). El resto de sus arcanos siempre representaron situaciones de compromisos y obligaciones o de tentaciones y atrevimientos (Diablo), de deseos tormentosos y ocultos y de sueños encerrados en su yo más íntimo (Luna), o de pura incapacidad de acción mientras durase su maduración evolutiva (Colgado).

Mis arcanos, en definitiva, la aconsejaron dialogar con su hombre y luchar por un entendimiento mutuo y sin acritud por ambas partes. El amor a veces se acaba y no siempre es posible revitalizarlo, y no al menos antes de que cada uno de los miembros de la pareja realice el recorrido que su energía le depara, con independencia de cuál sea el punto de llegada y el compañero de viaje. Eso nunca lo sabemos. El único punto de llegada firme es la muerte, y nadie ha podido demostrar que no se trate, en realidad, de un punto para una partida a algo diferente… Sea como fuere, los arcanos de Eva sugerían comunicación tranquila (Templanza) y participación de la justicia terrenal (Justicia), con el Ermitaño (prudencia, respeto, largo plazo) iluminándolos a ambos. Sin prisa pero sin pausa. Nunca la casa por el tejado.

Y sin acritud. Respetando la posición de cada uno.

Eva marchó al fin, y yo quedé agotado. Su despliegue energético me había derrengado. Fue como montar sin silla un caballo salvaje y galopar sin freno una pradera interminable. Aplacé mi siguiente consulta y volví a casa y me tumbé en el suelo, sobre una alfombra, a depurar…

Esta mañana, Eva y yo hemos coincidió al caso por la calle y hemos realizado otra sesión. Os la explico mañana en la segunda parte de esta historia.

Una mujer que llora (3ª y última parte).

Quiero añadir que la mujer que llamó presa del lloro me habló de sus realidades después de la tirada sobre sus energías. Que dijo tener 59 años; haber perdido marido y hacienda a manos de una tercera mujer amiga suya y de su ex cuñada; y ser usuaria no muy regular, por cuestiones económicas, de servicios de Tarot, hechicería, sanación energética y demás métodos de apoyo (sí, pero también de embaucamiento y abuso). Me explicó estar muy ocupada constantemente en pensar qué tipo de castigos podrían (y debían) sufrir la mujer que la sustituyó en su matrimonio y su ex cuñada y su ex marido: hilvanaba urdimbres de castigos de origen divino y consultaba a “especialistas” en la materia para satisfacer sus necesidades de venganza. Hasta el punto –confesó- de desear la muerte de sus enemigos…

¿Somos necesariamente el reflejo de lo que vivimos? ¿Nos convertimos en negrura si recibimos males dolorosos? ¿O tenemos la capacidad de superar con limpieza los males que se interponen en nuestro camino por la vida? El Tarot Evolutivo siempre cuenta con el libre albedrío como última realidad al alcance del consultante. Este debe primero conocer esa realidad y, luego, saber de qué modo orientarla. El libre albedrío sigue un camino de Luz.

Entendí que mi consultante había llegado a tales extremos de frustración y tormento, que la propia muerte era ya compañera suya de viaje. Y que si bien la consideraba como final del sufrimiento de vivir para quienes no la hubiesen causado mal, la deseaba como castigo para quienes sí. ¿Debería en cambio tomarla como mero tránsito a otra dimensión, a saber cuál sea ésa?

La muerte no nos pertenece. Es, por así decirlo, “tierra de nadie”. Respondí a su pregunta sobre el tránsito de la anciana sin saber por qué lo hacía, pero después de oírla hablar y explicar y confesar, entendí la razón. Entré en su área más nociva y oculta, y lo hice avalado por las buenas vibraciones que sentí al escuchar su pregunta sobre el final de la anciana en nuestro mundo. Ya dije que me resultó ”natural” hacerlo, y su confesión me aclaró mi proceder. Habiendo satisfecho su curiosidad respecto a una muerte ”limpia”, me convertía en su aliado y anulaba opciones de cierre suyo a mis palabras. De otro modo, mis mensajes habrían chocado contra su rechazo. La había contestado acerca de la muerte de alguien bien querido por ella. Ahora debía abordar sus deseos de mal y muerte para sus contrarios. Y hacerlo de raíz. Y ofrecerle una alternativa áurica.

-Señora, tómese ahora una tisana y túmbese en su cama vestida, y cúbrase con una manta ligera. Cierre los ojos y cierre su mente a todo pensamiento, excepto a este mensaje que le voy a dar. Imagine una Luz blanca y poderosa que entra por su cuerpo desde la coronilla, recorriéndolo hasta los pies e inundándolo todo. Dígase a sí misma que será usted capaz de tomar las decisiones acertadas, que todo le irá bien porque usted lo merece así. Y cuando visualice a quien le haya hecho daño, córtele la cabeza imaginariamente y pida perdón por hacerlo. Pedir perdón es importante: queda limpia así de toda carga de venganza. No deje que las malas acciones de los demás sobre su vida generen maldad en su interior. Libérese de todo lo malo. Olvídelo. Rechácelo. Expúlselo. Poseerá esa Luz en su interior desde hoy mismo si así lo desea, pues es su mente quien escoge qué energía rige su vida y la defiende de todo mal, incluso de los que anida y ceba usted misma”.

Me dio las gracias y la razón. Le ofrecí las mías también. Mis razones ya las tenía. Volvió a llamar al día siguiente sólo para explicarme ciertas experiencias que, al parecer, me implicaban a mí.

Pero esa es ya otra historia y, la verdad, me genera un gran pudor el explicarla.

Una mujer que llora (2ª parte).

Es La Papisa una carta femenina y religiosa, fría y pasiva, que sabe pero no actúa, y que sostiene un libro entre sus manos en el que están escritos todos sus lances de la vida. La boca fruncida en un rictus que evidencia concentración mental, la mirada absorta en pensamientos recurrentes sobre todo lo vivido… En esta tirada, La Papisa representaba a mi consultante como una mujer de cierta edad y enfrascada en la observancia de su pasado como si éste fuese una ley, un estatuto o una regla a la que se debiera rendir un cumplimiento exacto y puntual. Es decir: mi consultante era una mujer atrapada por su pasado por principio. Convencida de que no hay otra vía más que la de cargar con todo lo sufrido y sufrir por todo lo vivido

En contra suyo tenía al arcano de La Justicia terrenal. Es decir: no se había hecho justicia con ella, su verdad justa no había logrado salir a la luz. O había sufrido injusticias terrenales que jamás habían llegado a los tribunales, o cualquier proceso judicial que hubiese podido tener en su vida seguía pendiente de resolución o había concluido a despecho de su justo interés. Y La Fuerza, situada ante La Justicia, hablaba del enconamiento de esta mujer en obtener la satisfactoria sentencia a su favor, otorgándola una enérgica pasión en ello pero sin violencia, pues su arma de victoria sería la resistencia a largo plazo… Arma de doble filo, pero arma al fin y al cabo

¿Y La Luna? En la plaza de su disposición emocional, La Luna nos hablaba de conflictos internos, de desesperación en la oscuridad… Desconfianza, incertidumbres sobre su futuro, caminos equivocados, desorden y caos.

Por último, en la respuesta final, El Ermitaño alumbrando con su candil a La Papisa en su escudriñamiento casi obsesivo de sus conflictos del pasado expresaba soledad, aislamiento, la búsqueda profunda de su realización interior… Pero como quiera que su realización interior la buscaba iluminando a La Papisa –quien, como se dijo, oteaba obstinadamente todo el cúmulo de “causas pendientes”-, la conclusión final no podía ser sino esta:

-Señora, debe usted cortar la cadena de todas sus ataduras respecto a las negatividades de su pasado. Debe olvidarse de todos los procesos, judiciales o no, en los que resultase usted tratada injustamente. Luche con abogados por aquellas causas que requieran de la participación de la justicia, pero olvídese de ellos en su día a día… De ellos y de cualquier “malifeta” (esta señora y yo hablábamos en catalán; en castellano sería “trastada”, “jugarreta”… La palabra es bonita y por eso la incluyo aquí, con agrado, junto a su traducción) que haya podido usted sufrir. De otro modo, su pensamiento será negativo y sólo generará negatividades”.

La señora desgranó entonces una desencadenada retahíla de “malifetas” (robos, timos, engaños, divorcio…) ¡vividas en los últimos 20 años! Y su voz se quebró y su ánimo se excitó y su angustia aumentó a medida que manaban sus males desde su interior… Una cascada de dolor y de tormento deformado por el paso de los años hasta convertirse en un aluvión capaz de arrastrar su energía positiva. El pensamiento positivo siempre genera la misma crítica: no servir de ayuda para resolver los problemas reales. ¡Ojo! Pensar positivamente NO IMPLICA en absoluto negar u obviar los aspectos negativos de la realidad. Supone, en cambio, mayor capacidad para afrontarlos, negociar con ellos y seguir adelante por un sendero de Luz en nuestra vida.

¿Y la felicidad? ¡Pues igual consiste en caminar por ese sendero, a pesar de todos los pesares!

Una mujer que llora (1ª parte).

Una mujer llamó presa del lloro. Pidió entre disculpas y suspiros saber acerca de la muerte de otra mujer que permanecía ingresada en un hospital. Pedía conocer cuándo se produciría su tránsito hacia el otro lado. Cualquiera que ese "otro lado" sea, el Tarot no permite preguntar por él y, sin embargo, yo lo hice. Cuando pude ser consciente de mis actos, los arcanos estaban extendidos sobre mi mesa, susurrando “morirá antes de agosto”. Se lo dije a ella y al decírselo pensé que, segundos antes, mientras barajaba mis cartas, había estado diciéndole que ese tipo de cuestiones no se deben plantear en Tarot. Y, en cambio, yo lo había hecho. Podría decir que mis manos ejercieron su función de manera natural, sin que mi mente hubiese intervenido para impedirlo porque, de algún modo, por alguna razón, no era necesario que lo hiciese…

Era aquella mujer, según me explicó a continuación mi consultante, una anciana a su cuidado. Esperaba a su muerte para poder buscar a otra anciana a quien cuidar, pues esa era, me dijo, su única fuente de recursos monetarios: cuidar ancianos. Me habló de su situación económica y rompió a llorar de nuevo. Los hijos de la anciana le debían tres meses de sueldo. Pedimos por ello y el resultado fue que cobraría en breve todo su dinero. Pedimos por su trabajo futuro y resultó que podría perder una buena ocasión hacia el verano, pues estaría muy dolida por la muerte de su cuidada… En todo caso, entre noviembre y febrero iba a estar de nuevo ocupada.

Entonces la propuse una tirada acerca del estado de sus energías. Podríamos así determinar cuál era su modelo primordial como ser humano. Usaríamos los arcanos como un mapa que describiese su viaje hacia el autoconocimiento y, de ahí, hacia la autorrealización. Investigaríamos su arquetipo fundamental y podríamos luego pedir por su corrección, de manera que lograse hallar una vía hacia la felicidad o, como poco, hacia el sosiego emocional.

Aceptó, conecté y este fue el resultado de su Cruz Celta…

En representación suya, La Papisa. En contra, La Justicia terrenal. En su disposición emocional, La Luna. El resultado final, El Ermitaño. Como suma del total, La Fuerza. Tirada resuelta en sólo cinco cartas. Un mensaje claro y contundente, tan rotundo como un puñetazo rabioso contra la pared.

Y sí, el conjunto componía un poemario de angustias, un catálogo de lastres, una auténtica oda al auto encierro en penas y cuitas: dolores de origen antiguo, rémoras acumuladas a lo largo de los años que generaban dolor y miedo, inseguridad y dudas… Como una casa abandonada: cristales rotos, muebles desvencijados, cascotes y polvo, un jardín poblado de malas hierbas y reptiles… ¡Nadie podría vivir tranquilo en una casa así! Y, sin embargo, ese era su hogar interno, el espacio en el que habitaban sus energías.

¿Me quiere ese hombre o no?

Son muchas las personas que acuden a mi Tarot Evolutivo para aclarar su situación sentimental, y muchas también las que me piden respuestas acerca de personas conocidas a través de las redes sociales… Quiero aclarar que de la misma manera que puedo discernir las energías que se mueven en las relaciones de la vida real o física, también puedo hacerlo en aquellos casos en los que la relación es meramente virtual. Siempre de acuerdo al despliegue de símbolos arquetípicos arrojados por la baraja del Tarot Evolutivo, como psíquico y receptivo puedo dilucidar qué energías despliega sobre el consultante aquella persona que ocupa un lugar en su corazón, o que se postula como candidata a hacerlo. Y algo muy importante: puedo desvelar (auto) embustes y (auto) engaños pergeñados para lograr el avance de la relación, incluidos los generados desde la propia proyección energética y volitiva del sujeto, con independencia de que al mentir exista o no “mala intención” o “plena conciencia de hacerlo”…

Un ejemplo: el pasado viernes recibí la llamada de una mujer visiblemente emocionada. Su pregunta fue lacónica: “Quiero preguntar por un hombre”. Y punto. Le pedí el nombre de pila de esa persona. Me facilitó su apodo en cierta red social y me bastó, no suele ser menester más información para “conectar”. Al tiempo que ella habló, yo percibía corrientes energéticas muy densas y agitadas, muy cargadas de alteraciones y ansiedad. Traspasaron mi campo áurico como una exhalación y me recorrieron de arriba abajo, una y otra vez, como un frente magnético o eléctrico.

Ella me dijo: -“Se llama XXX”.

Barajé mis cartas sintiendo los habituales escalofríos que me garantizan una buena conexión energética con mi consultante y su realidad. Pregunté por las energías que XXX movía en relación a ella, su “candidata sentimental”. Más allá de la Cruz Celta, el primer despliegue de arcanos mostraba a XXX como un hombre cuya energía joven, fresca, activa y muy capaz de auténticos malabarismos en la comunicación (representada por la carta de El Mago), daba la espalda a la justicia terrenal (arcano de La Justicia). En este punto quedaba claro que el galán en cuestión utilizaba su energía seductora para implicar a mi consultante en una relación sentimental contraria a las normas éticas de nuestra sociedad civil. El Mago se transformaba en un embaucador capaz de usar sus artes en beneficio propio, dando la espalda a lo que es justo entre dos amantes o candidatos a serlo: la sinceridad…

Más adelante en la tirada, la combinación Emperador-Juicio me dijo que XXX gestionaba su energía de hombre adulto y ejecutor de decisiones de espaldas a las Leyes Divinas, a las que van más allá del ser humano. Su masculinidad física y moral dando la espalda al arcano del Juicio enviaba un mensaje claro: expresión de sentimientos más mental que emocional y apasionada, y una vez más, de espaldas a la verdad. Y antes del Emperador, La Luna bajo la atenta mirada del primero… Cosas ocultas, disfraces y mentiras… Seducción y misterio, desde luego, pero bajo la influencia negativa mencionada…

Definitivamente, los estándares de sinceridad de XXX no eran suficientes para satisfacer las mínimas necesidades de mi consultante.

Es decir: XXX estaba casado.

Ese fue el primer mensaje oral que envié al otro lado a través de mi teléfono:

-“Este hombre está casado, ¿no es cierto?”.

Y ella asintió, claro… No quise preguntarle si ya lo sabía o lo sospechaba o lo intuía. No era necesario… Ulteriores comentarios suyos en la red social confirmaron los mensajes de mis cartas… Él está casado.

La charla se prolongó a lo largo de otras tres tiradas, por unos 25 minutos de nuestro tiempo… Me impactó que ella me inquiriese una y otra vez acerca de los sentimientos de XXX, acerca de si él la amaba o no… La respuesta de los arcanos fue clara: “Tanto te querrá a ti como desquiera a su esposa”. Y: “Tanto proyectes tú la necesidad de ser amada, tu deseo de romance y amor, tanto más él captará tu onda y proyectará sobre ti su propia necesidad de alejarse de su mujer. En tanto él no sea capaz de desligar su atracción por ti de su rechazo hacia su esposa, vuestra relación será fuente de dolor y sinsabores por vía de la mentira y el destemple de vuestra naciente pasión”.

Ojalá me llame también él… El amor es Luz tan pura como preciso es enfocar bien el haz que proyectamos sobre el ser amado. No digo que XXX sea un embaucador malintencionado… Sólo sé que viste su enamoramiento, su atracción, de un arquetipo equivocado.

Tarot Evolutivo: una puerta abierta al subconsciente.

Existen en nuestra mente dos aspectos que conviven como partes diferentes y a la vez inseparables: el consciente y el subconsciente. En Tarot Evolutivo, el significado de las cartas o arcanos (misterios, cosas ocultas y muy difíciles de conocer) se relaciona de forma clara con los aspectos subconscientes de la mente humana. Cada arcano del Tarot Evolutivo, cada combinación, cada estructura de tirada, bebe del denso bagaje cultural de cientos de años de desarrollo --en el que se aúnan práctica, investigación y un trasfondo de misticismo-- para explorar el subconsciente oculto de la mente del consultante.

Es decir: el Tarot Evolutivo nos habla de lo oculto en nuestra psique. ¡Y la psique es la regidora de nuestras energías! Por medio de la revelación del lado oculto de la mente, el Tarot Evolutivo permite ver los “patrones energéticos” recurrentes en tu vida, y la forma de cambiarlos...

Esto es: nos muestra el “camino energético” para liberarnos de toda energía nociva, propia y/o ajena, y alcanzar una vida mejor. En eso consiste el poder adivinatorio y transformador del Tarot Evolutivo. Mi trabajo contigo NUNCA te proporcionará predicciones que se cumplan sí o sí, sean malas o buenas…

Mi trabajo, canalizado a través de una abierta percepción energética, te ayudará a que seas TÚ quien escriba tu propio destino. Como si te tomara de la mano y te llevase a lo largo del sendero que marcan los arcanos, hasta llegar a nuestro destino: tu introspección profunda, consciente y sanadora…

Tu destino lo escribes tú. Eres TÚ quien hace que tu vida sea como sea. Y eres TÚ quien podrá cambiarlo. Yo te mostraré cómo, a través de mis arcanos.

¿Cómo se trabaja en el Tarot Evolutivo?

En el trabajo personal con el Tarot Evolutivo utilizamos los 22 arcanos mayores, pues éstos nos hablan del individuo en su totalidad más íntima y profunda. Reflejan su propia individualidad, su conexión con los demás y su desenvolvimiento en la vida, y lo hacen funcionando como un arquetipo.

Dijo Carl Jung que "los arquetipos representan fuerzas instintivas que operan de forma autónoma en la profundidad de la psique humana". ¡Y de eso mismo se trata! La tirada con los 22 arcanos mayores nos muestra desde qué arquetipos estamos abordando aquella cuestión vital por la que preguntamos. Esto es: qué energías estamos desenvolviendo nosotros mismos en relación al tema tratado, y qué energías están desenvolviendo los demás sujetos implicados en la situación por la que se pregunta.

En tiradas sucesivas, el mismo Tarot Evolutivo nos indicará nuestras filias y fobias más profundas, lo que deseamos y detestamos, nuestros anhelos y miedos más insospechados... Y también aquellas cualidades más propias e innatas que podemos utilizar para alcanzar nuestros objetivos, para crecer de forma íntegra y llegar así a nuestra propia y primigenia individualidad, más allá de cualquier condicionante sociocultural aprendido. Sabremos hacia dónde orientar nuestras polaridades energéticas, para poder así desarrollar nuestros recursos más óptimos: ¡aquellos que nos permitan alcanzar la plenitud desde nuestra propia individualidad!

En definitiva: el Tarot Evolutivo es ideal para romper aquellos esquemas o etiquetas comportamentales que coartan nuestro crecimiento hacia la felicidad.

¿Para qué sirve el Tarot Evolutivo?

El Evolutivo es un Tarot que no sólo sirve para hacer predicciones...
Es una herramienta de introspección, y no sólo de adivinación. El futuro no es algo que ya está escrito “fuera de ti”, sino que es algo que tú mismo construyes en cada momento de tu vida.
EL Tarot Evolutivo te ilustra acerca de las energías que tú mismo y cualquier otra persona relacionada movéis en relación al tema de la consulta.
Es decir: si me preguntas "¿Cuándo encontraré el amor?", mis primeras respuestas serán acerca de por qué no lo has encontrado todavía. Qué y por qué te bloquea. Qué debes hacer para fluir. Luego habrá pronósticos, habrá fechas y hechos concretos de cosas que sucederán, pero mi Tarot siempre te brindará en primer lugar las herramientas necesarias para que cambies a tu favor el desarrollo de los acontecimientos en tu vida.
Y si a la postre “la otra persona” relacionada con tu pregunta no responde a tus deseos, no importa... El Tarot Evolutivo te hará aumentar la vibración de tu energía, lo que te llevará a mejorar, a crecer, a avanzar, a estar preparado para ser feliz y a serlo al fin, con ese o con otro ser humano...
Por decirlo de un modo claro, sencillo y popular, mi Tarot no te vende peces. ¡Te enseña a pescar!